Desde mediados del siglo XX, la droga se ha convertido en uno de los principales problemas en el mundo, un problema que afecta tanto aspectos globales (la sociedad en conjunto, la economía, el sistema legal, el orden valórico) como aspectos concretos, es decir, la vida y la salud de los consumidores de drogas, además de la vida de sus próximos. Se suele decir que la droga corroe tanto el orden social como el orden personal en los seres humanos, abstrayéndolos de sus relaciones, transformándolos en seres opacos y refractarios a toda forma de conjugación amplia, fuera de los marcos reducidos de la droga (marcos que pasan a convertirse en su único espacio de convivencia).

centro de rehabilitación para drogadictos

La droga no es sólo ese macroproblema en donde se sitúan las guerras contra la droga, las mafias, el narco, etcétera, sino uno muy concreto y cercano, que afecta a muchas más personas de las que esperamos. Según parece, desde sus primeros días los hombres han mantenido con las drogas una relación de proximidad. Ya en los primeros estados, en las primeras civilizaciones humanas, como Sumeria o Egipto, se tienen pruebas del consumo de sustancias estupefacientes, tanto alcohólicas (cerveza) como psicotrópicas (opio, por ejemplo). Es sabido, por ejemplo, que el emperador romano Marco Aurelio consumía regularmente opio. A su vez, en otros contextos humanos, en etnias repartidas por todo el mundo, existe el fenómeno de ingesta de sustancias psicotrópicas asociada a rituales religiosos o curaciones chamánicas (es el caso, en México, de la famosa curandera María Sabina, de la etnia mazateca, en el estado de Oaxaca).

Cabe preguntarnos, en base al breve contexto que acabamos de presentar, qué es lo que ha transformado a las drogas en un problema tan grave y tan vasto durante el siglo XX. Por supuesto, la respuesta es bastante compleja, y hay causas de toda índole, que van desde los movimientos prohibicionistas de las drogas, a los intereses de la industria farmacéutica, pasando por toda clase de políticas; sin embargo, algo que cabe diferenciar cabalmente en nuestro contexto, es el tipo de sociedad en la que estamos insertos y cuál es la relación de las drogas con ella.

Querámoslo o no, las sociedades en que vivimos son del tipo productivista, centradas en la eficacia y en la optimización de recursos. El tiempo que parecieran requerir para sí las drogas es otro, uno en manifiesto conflicto con el tiempo de la producción y del progreso. Quizá con esto último acertamos a lo fundamental: las drogas parecieran abolir ese progreso sobre el que tan fundamentalmente se apoyan nuestras sociedades. Es desde este punto de vista que las drogas se han tendido a relacionar con contextos marginales, de pobreza, en el sentido que impedirían la superación de tales contextos, es decir, serían obstáculos para la movilidad social.

Pero no es sólo eso, el problema es aún más profundo y se encuentra al nivel de las relaciones, tanto de la persona consigo misma como con los otros. El consumo sistemático de drogas ocasiona en la mayoría de los casos una ruptura o una distorsión de las relaciones de una persona: por lo mismo, amenaza con afectar tanto el tejido personal, como familiar, así como, a niveles más grandes, social, institucional. Es por eso que la droga termina por convertirse en un problema tan grande y también una de las razones por la que los Estados implementan guerras contra la droga.

Ahora bien, hay también Estados que han decidido adoptar otras políticas en relación con la droga, y por ejemplo, en vez de seguir penalizando a los consumidores del tipo adicto (toxicómanos), han afrontado su caso en el plano de la salud de Estado. Así pues, han lanzado programas de rehabilitación estatal para este tipo terminal, por decirlo así, de consumidores. La mayoría de los Estados que han implementado este tipo de políticas han sido del orden de las socialdemocracias de Europa Occidental, que se han caracterizado por emplear los recursos estatales en sólidos sistemas de salud pública y en abordar muchas problemáticas sociales aparentemente irresolubles precisamente no desde posiciones punitivas sino del orden del restablecimiento del tejido social.

Oceánica es una clínica de rehabilitación que cuenta con más 22 años de experiencia, comprometida con todos los aspectos de la rehabilitación y lucha contra la drogadicción en México. En Oceánica podrá encontrar programas de rehabilitación para diversos tipos de adicciones, como ludopatía, alcoholismo, trastornos de conducta alimentaria, codependencia y drogadicción. En cuanto a esta última, Oceánica es quizá el mejor centro de rehabilitación para drogadictos del país.

Decimos lo anterior por cuanto su enfoque de tratamiento lo distingue del centro de rehabilitación para drogadictos de otras firmas; este enfoque está centrado en la restauración de los lazos del paciente, pero también en la reelaboración de su proyecto de vida, su proyecto de persona, que la droga ha destruido.

En el centro de rehabilitación para drogadictos de Oceánica no se asume una postura de castigo o culpabilidad en el paciente, tampoco se lo hace reemplazar el fundamento de su vida de un objeto (la droga) a otro (como pasa en muchos centros para el tratamiento de la drogadicción asociados a alguna fe), al contrario, de lo que se trata es de una terapia al mismo tiempo de duelo y reparación. Con duelo nos referimos simbólicamente a cortar de raíz todo el mundo que tenía el paciente en su involucramiento con la droga, cosa básica en todos los tratamientos de rehabilitación.

La singularidad está en el tratamiento de reparación. Para esto, en el centro de rehabilitación para drogadictos de Oceánica se opta por los tratamientos de tipo residencial, en los que los pacientes reciben atención y cuidados las 24 horas por personal altamente capacitado y los mejores profesionales.