Se puede definir a la depresión como el estado psicológico de una persona que se caracteriza por presentar una profunda tristeza, baja autoestima, sentimiento de culpa, un notable decaimiento anímico, desinterés general y algunos síntomas como cansancio y sueño constantes, irritabilidad e incluso padecimientos y dolores somáticos.

Pero el más claro indicador de depresión en cualquier persona, más allá de los síntomas cognitivos, afectivos y conductuales es la presencia de la tríada depresiva, es decir, pensamientos completamente negativos e incluso fatalista acerca del yo (auto percepción), el mundo y el futuro.

Por supuesto, cuando un problema tan serio y preocupante como este se presenta, es común que las personas, sobre todo la familia y los allegados del individuo depresivo se pregunten con frecuencia: ¿cómo tratar la depresión?

Como tratar la depresion

La respuesta no es sencilla, pues al tratarse de una padecimiento psicológico sumamente complejo, en muchas ocasiones con implicaciones orgánicas, su proceso de evaluación, diagnóstico y tratamiento también suele ser complejo. Por lo tanto, la primera recomendación cuando se tiene cuando se sospecha que un familiar, amigo o ser querido sufre este padecimiento es acudir con un especialista para su evaluación y diagnóstico.

Esto es de suma importancia, ya que hay enfermedades orgánicas, sobre todo glandulares, como el hipotiroidismo, que pueden provocar síntomas muy similares, pero que al ser mal diagnosticadas se tratan como depresión, lo cual puede llegar a tener consecuencias graves para la salud de la persona. También es de suma importancia obtener un diagnóstico médico y psicológico adecuado para conocer y definir de la manera más precisa posible el tipo de padecimiento que tiene la persona y así poder abordar un tratamiento adecuado.

Es decir, descartando la presencia de cualquier padecimiento orgánico, hay diferentes clases de depresión, las cuales se definen con base en parámetros médicos y psicológicos plenamente identificados y que se enfocan en la gravedad, la duración, los síntomas y el origen del padecimiento.

Sin embargo, más allá de clasificaciones, este padecimiento se puede dividir en dos: episodios depresivos (breves o agudos) y trastorno depresivo mayor. La diferencia básica es que los episodios depresivos tienen causas muy específicas y completamente personales, sociales o psicológicas, como una experiencia desagradable, abandono, conflictos familiares, laborales o escolares, fracasos personales, consumo de drogas, rechazo, bullying, pérdida de un ser querido, entre otros.

Por otra parte, el trastorno depresivo mayor suele ser mucho más severo, no implica causas sociales o personales, no hay presencia de enfermedades ni uso de drogas y es común que haya factores orgánicos que influyen en el estado de la persona.

Por lo tanto, para saber cómo tratar la depresión, es de suma importancia determinar el tipo de padecimiento de la persona, ya que en el caso de episodios depresivos de diferente gravedad, al ser un padecimiento completamente psicosocial, el tratamiento debe ser principalmente psicológico; mientras tanto, en el trastorno depresivo mayor, al ser mucho más complejo y grave, se requiere un tratamiento multidisciplinario, principalmente médico y psicológico.

Debido a la importancia de iniciar un tratamiento bien definido con alta probabilidad de éxito, la evaluación y diagnóstico son fundamentales en el proceso, ya que de esto depende conocer las causas, la dinámica y el tipo de depresión que padece la persona y, en consecuencia, saber qué tratamiento es el mejor para cada caso particular.

Por lo tanto, se debe realizar un análisis completo y funcional para identificar los síntomas, conductas y causas de manera puntual y concreta, para lo cual se requiere conocer el contexto personal y social del individuo, su historial médico, estado de salud y estado emocional, cognitivo y conductual.

A partir de este análisis, se debe obtener un diagnóstico adecuado basado en la información obtenida y a partir de dicho diagnóstico se define un tratamiento específico que considere y ataque las causas u origen del padecimiento, que trabaje con el contexto social, familiar y personal de individuo y se enfoque en mejorar su estado emocional, afectivo, cognitivo, conductual y de salud.

Por supuesto, existen diferentes tipos de tratamiento, aunque estos se pueden dividir también en dos: médico o farmacológico y psicológico. El tratamiento farmacológico consiste en el uso de medicamentos para regular la química cerebral y con ello mejorar el estado anímico y emocional del paciente, aunque la medicación solo se usa en casos muy específicos, mas no en todos.

Por su parte el tratamiento psicológico es mucho más variado, cada alternativa de tratamiento está basada en el enfoque particular del psicólogo y en la problemática particular del paciente, por lo que la respuesta a cómo tratar la depresión, desde la perspectiva psicológica, depende bastante del caso particular.

Cabe mencionar que uno de los principales inconvenientes que se presentan con este tipo de problemas psicológicos es que existe un alto porcentaje de recaída, independientemente del tipo de tratamiento que se emplea para abordar y atacar el problema. Por ello es de suma importancia acudir con un grupo especializado de expertos en diferentes disciplinas para poder evaluar, diagnosticar y tratar de la mejor manera posible este tipo de padecimiento, incrementar al máximo la probabilidad de éxito y recuperación de la persona y disminuir considerablemente el riesgo de recaída.

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