La ansiedad puede aparecer en muchas etapas de una adicción a las drogas o al alcohol. Algunas personas comienzan a consumir buscando relajarse, dormir, dejar de pensar en sus problemas o sentirse más seguras en determinadas situaciones. Otras desarrollan síntomas de ansiedad después de que el consumo ya se ha establecido.
Esto hace que la relación entre ansiedad y adicción pueda volverse difícil de identificar.
Una persona puede sentir que necesita consumir para calmarse, pero al mismo tiempo el consumo puede contribuir a generar nuevas dificultades emocionales, familiares, laborales o de salud. Así puede establecerse un ciclo en el que la ansiedad y el consumo se alimentan mutuamente.
Esto no significa que toda persona con ansiedad vaya a desarrollar una adicción ni que todas las personas que consumen sustancias lo hagan para manejar la ansiedad. La relación es individual y puede tener múltiples causas.
Sin embargo, cuando ambas situaciones están presentes, tratar únicamente el consumo puede dejar una parte importante del problema sin atender. SAMHSA señala que los trastornos de ansiedad y los trastornos por consumo de sustancias pueden coexistir y que, cuando esto sucede, es recomendable abordar ambas condiciones.
¿Cómo puede la ansiedad relacionarse con una adicción?
Una de las formas más frecuentes de entender esta relación es a través del intento de aliviar temporalmente una sensación que resulta difícil de manejar.
Una persona puede experimentar preocupación constante, tensión, miedo, inquietud o pensamientos que no consigue detener. Después descubre que consumir alcohol o determinada droga produce, al menos inicialmente, una sensación de relajación, desconexión o disminución del malestar.
El problema aparece cuando el cerebro empieza a asociar el consumo con esa sensación de alivio.
Ante una nueva situación de ansiedad, puede aparecer el pensamiento: “esto me ayudará a sentirme mejor”. Si la persona recurre nuevamente a la sustancia, la asociación puede reforzarse.
SAMHSA reconoce que algunas personas con problemas de salud mental pueden utilizar alcohol o drogas como una forma de automedicación. También señala que los problemas de salud mental y los trastornos por consumo pueden compartir factores como el estrés y experiencias traumáticas.
Cuando consumir parece ser la única manera de calmarse
Una señal que merece atención es cuando la persona comienza a sentir que no puede manejar la ansiedad sin consumir.
Puede decir cosas como:
“Necesito tomar algo para poder dormir.”
“Si no consumo, no puedo relajarme.”
“Después de un día así, necesito beber.”
“Cuando estoy con gente me pongo muy nervioso y esto me ayuda.”
“Solo puedo dejar de pensar cuando consumo.”
Estas frases no son suficientes por sí solas para determinar que existe una adicción o un trastorno de ansiedad. Pero pueden indicar que la sustancia está adquiriendo una función específica en la forma en que la persona intenta manejar su malestar.
Cuando esta estrategia se vuelve repetitiva y empieza a generar consecuencias negativas, puede ser necesario realizar una valoración profesional.
El alivio puede ser temporal
Una de las dificultades de utilizar una sustancia para manejar la ansiedad es que el alivio inicial no necesariamente resuelve aquello que está provocando el malestar.
La persona puede sentirse temporalmente más tranquila, pero después enfrentar problemas relacionados con el consumo, cambios en el sueño, conflictos familiares, dificultades laborales o nuevas preocupaciones.
En algunos casos, además, determinados efectos de las sustancias o la abstinencia pueden producir síntomas que se parecen a la ansiedad o intensificarlos.
Por eso, es importante evaluar cuidadosamente qué ocurrió primero y qué está sucediendo actualmente.
SAMHSA advierte que algunos síntomas de ansiedad pueden estar relacionados con los efectos de una sustancia y que se requiere una evaluación continua para distinguir entre diferentes causas.
Ansiedad y adicción pueden formar un círculo
La relación puede funcionar en ambas direcciones.
Una persona puede consumir para aliviar la ansiedad.
Después puede experimentar consecuencias del consumo que generan más preocupación.
Esa preocupación puede aumentar nuevamente el deseo de consumir.
Con el tiempo, la persona puede terminar utilizando la sustancia no solamente para buscar placer, sino también para evitar sentirse mal.
Este cambio es importante porque puede hacer que abandonar el consumo resulte especialmente difícil.
Por eso, cuando existen ansiedad y adicción al mismo tiempo, es necesario analizar cómo interactúan ambas situaciones en la vida de la persona.
¿Cómo saber si la ansiedad está influyendo en el consumo?
No existe una única señal que permita determinarlo, pero hay algunas preguntas que pueden ayudar a identificar una posible relación:
¿La persona consume principalmente después de situaciones que le generan ansiedad?
¿Busca la sustancia para poder dormir o relajarse?
¿Siente deseos de consumir cuando está preocupada, angustiada o bajo presión?
¿Ha intentado manejar la ansiedad de otras maneras y siente que ninguna funciona?
¿La ansiedad aumenta cuando deja de consumir?
¿El consumo está generando nuevos problemas que, a su vez, aumentan su preocupación?
¿La persona evita determinadas situaciones porque siente que necesita consumir para afrontarlas?
Responder afirmativamente a algunas de estas preguntas no constituye un diagnóstico. Sí puede ser una razón para solicitar una evaluación profesional.
La ansiedad no siempre aparece antes de la adicción
También puede ocurrir lo contrario.
Una persona puede comenzar a desarrollar síntomas de ansiedad después de que el consumo ya se ha vuelto problemático.
Los efectos de determinadas sustancias, los periodos de abstinencia, la falta de sueño, los conflictos derivados del consumo o la preocupación por las consecuencias pueden contribuir a que aparezcan o aumenten síntomas de ansiedad.
Por eso, no siempre es posible establecer una relación sencilla de causa y efecto.
NIDA señala que los trastornos por consumo de sustancias y los trastornos mentales tienen una relación compleja y que pueden influirse mutuamente. La coexistencia de ambos problemas es frecuente.
Cuando dejar de consumir aumenta temporalmente la ansiedad
Otra situación que puede confundir a las familias es que una persona experimente ansiedad al reducir o suspender el consumo.
Dependiendo de la sustancia y del patrón de consumo, la abstinencia puede producir síntomas físicos y psicológicos. Por eso, no siempre es seguro asumir que una persona debe suspender abruptamente una sustancia sin valoración profesional.
En algunos casos, especialmente cuando existe consumo prolongado o dependencia física, puede ser necesaria una evaluación médica para determinar la forma más segura de iniciar el tratamiento.
Esto es especialmente importante con determinadas sustancias, ya que algunos síndromes de abstinencia pueden presentar complicaciones graves.
¿Por qué tratar solo la adicción puede no ser suficiente?
Si la ansiedad está relacionada con el consumo y permanece sin atención, la persona puede continuar enfrentándose al mismo malestar que anteriormente intentaba aliviar mediante la sustancia.
Por ejemplo, alguien puede dejar de beber durante un periodo, pero seguir experimentando ataques de ansiedad, preocupación intensa o miedo a determinadas situaciones. Si no desarrolla herramientas para manejar estas experiencias, puede sentirse nuevamente atraído por la estrategia que utilizaba anteriormente.
Por eso, SAMHSA recomienda un tratamiento integrado para los trastornos concurrentes, en lugar de tratar las condiciones de manera completamente aislada.
La idea no es asumir que la ansiedad explica toda la adicción, sino entender qué papel está desempeñando dentro de la situación particular de esa persona.
¿Cómo se trabaja la ansiedad durante un tratamiento para adicciones?
El abordaje depende de la evaluación profesional.
Puede incluir psicoterapia, estrategias de regulación emocional, técnicas para identificar y modificar pensamientos que aumentan la ansiedad, herramientas para manejar situaciones difíciles y, cuando está indicado, tratamiento farmacológico.
SAMHSA menciona intervenciones como la terapia cognitivo-conductual, el entrenamiento en relajación, la psicoeducación y otras estrategias de afrontamiento como parte de las opciones que pueden utilizarse cuando existen ansiedad y consumo de sustancias.
El objetivo es que la persona pueda aprender otras formas de responder a la ansiedad sin depender del consumo.
Aprender a tolerar el malestar también es parte de la recuperación
Una persona que ha utilizado sustancias para escapar de emociones difíciles puede sentir que necesita eliminarlas inmediatamente.
Pero parte del proceso terapéutico puede consistir en aprender que sentir ansiedad, frustración, miedo o incomodidad no significa necesariamente que haya que hacer algo para eliminar esas emociones de inmediato.
Esto no quiere decir que la persona deba resignarse a vivir con ansiedad intensa. Significa desarrollar recursos para reconocer lo que está sintiendo, entender qué lo está provocando y responder de una manera que no aumente otros problemas.
Con el tiempo, estas herramientas pueden ayudar a reducir la dependencia de la sustancia como mecanismo de afrontamiento.
La ansiedad también puede afectar la prevención de recaídas
Una persona puede haber completado un tratamiento y mantenerse sin consumir durante un tiempo.
Después puede atravesar una etapa de ansiedad intensa y sentir nuevamente el deseo de utilizar la sustancia.
Si dentro de su plan de recuperación ya se identificaron estos desencadenantes, puede ser más fácil reconocer la señal y pedir ayuda antes de consumir.
Por eso, la prevención de recaídas puede incluir estrategias específicas para manejar ansiedad, estrés, situaciones sociales, conflictos y otros factores que hayan estado relacionados con el consumo.
SAMHSA señala que abordar simultáneamente la ansiedad y el trastorno por consumo puede ayudar a reducir el riesgo de retorno al consumo.
¿Qué pasa cuando la ansiedad aparece en situaciones sociales?
En algunas personas, la ansiedad puede estar especialmente relacionada con situaciones sociales.
Hablar con otras personas, acudir a reuniones, conocer gente nueva, hablar en público o sentirse observado puede generar un nivel de malestar importante.
Si una persona descubre que beber alcohol o consumir una sustancia le permite sentirse más segura en esas situaciones, puede comenzar a depender de ella para participar en actividades sociales.
Con el tiempo, esto puede limitar todavía más su capacidad para enfrentar esas situaciones sin consumir.
Cuando ocurre este patrón, el tratamiento puede trabajar tanto el consumo como la ansiedad asociada a las situaciones sociales.
La familia puede notar señales antes que la propia persona
A veces, la persona no identifica claramente la relación entre su ansiedad y el consumo.
Puede decir simplemente que “necesita relajarse” o que consume porque “tuvo un día difícil”.
Los familiares pueden observar que determinados episodios de consumo aparecen repetidamente después de discusiones, problemas laborales, situaciones sociales o periodos de preocupación.
En lugar de asumir automáticamente que ya conocen la causa, puede ser más útil expresar preocupación y sugerir una valoración profesional.
La intención no debería ser diagnosticar al familiar, sino ayudarlo a reconocer que existen herramientas para trabajar tanto la ansiedad como el consumo.
No todos los tratamientos para la ansiedad son adecuados para una persona con adicción
Este punto es especialmente importante.
Algunos medicamentos utilizados para tratar la ansiedad pueden tener riesgos particulares en personas con antecedentes de consumo de sustancias. SAMHSA advierte específicamente sobre el riesgo de dependencia y abuso asociado con las benzodiacepinas y sobre determinadas interacciones con alcohol y otros tratamientos.
Por eso, una persona con ansiedad y adicción no debería automedicarse ni utilizar medicamentos de otra persona para controlar sus síntomas.
La elección de un tratamiento farmacológico, cuando está indicado, debe realizarse con valoración y seguimiento profesional.
¿Cuándo conviene buscar ayuda?
Puede ser recomendable buscar una valoración profesional cuando la ansiedad:
- interfiere con el trabajo, los estudios, las relaciones o el sueño;
- genera un deseo frecuente de consumir;
- hace que la persona utilice alcohol o drogas para poder funcionar o relajarse;
- aparece junto con cambios importantes en el consumo;
- se acompaña de ataques de pánico u otros síntomas intensos;
- dificulta mantener la recuperación;
- aumenta después de intentar reducir o suspender una sustancia.
También es importante buscar atención urgente cuando existen pensamientos de hacerse daño, una crisis grave, pérdida de conciencia, dificultad para respirar, convulsiones u otros signos de emergencia.
Tratar la ansiedad también puede fortalecer la recuperación
Cuando la ansiedad forma parte del problema, atenderla no significa desviar la atención de la adicción.
Puede significar abordar uno de los factores que está dificultando la recuperación.
La evidencia y las recomendaciones de SAMHSA respaldan un enfoque integrado cuando una persona presenta simultáneamente un trastorno de salud mental y un trastorno por consumo de sustancias. El objetivo es atender a la persona de manera completa, en lugar de tratar cada problema como si no tuviera relación con el otro.
Esto permite preguntarse no solamente cuánto consume una persona, sino también qué está sintiendo, qué intenta manejar mediante el consumo y qué herramientas necesita para hacerlo de otra manera.
En Oceánica México, el abordaje de las adicciones considera las necesidades particulares de cada paciente y los diferentes factores que pueden influir en su recuperación. Con más de 33 años de experiencia y acreditación CARF, Oceánica México brinda atención especializada para personas y familias que necesitan orientación profesional frente a problemas relacionados con el consumo de sustancias.
Si tú o alguien cercano utiliza alcohol o drogas para intentar controlar la ansiedad, buscar una valoración profesional puede ayudar a determinar qué está ocurriendo y qué tipo de atención puede ser adecuada.
Preguntas frecuentes
¿La ansiedad puede causar una adicción?
La ansiedad por sí sola no determina que una persona desarrolle una adicción. Sin embargo, algunas personas pueden utilizar alcohol o drogas para intentar aliviar sus síntomas, y este patrón puede contribuir al desarrollo o mantenimiento de un trastorno por consumo de sustancias.
¿Cómo saber si una persona consume para controlar la ansiedad?
Puede existir una relación cuando el consumo aparece repetidamente como respuesta a la preocupación, el miedo, la tensión o la necesidad de relajarse. Aun así, se necesita una valoración profesional para determinar qué está ocurriendo.
¿La ansiedad puede provocar una recaída?
Puede aumentar la vulnerabilidad al consumo, especialmente cuando la persona ha utilizado anteriormente una sustancia como forma de afrontar el malestar. Por eso, aprender a manejar la ansiedad puede formar parte de la prevención de recaídas.
¿Se deben tratar la ansiedad y la adicción al mismo tiempo?
Cuando ambas condiciones están presentes, SAMHSA recomienda un enfoque integrado que permita evaluar y tratar tanto la salud mental como el trastorno por consumo de sustancias.
¿Una persona con adicción puede tomar medicamentos para la ansiedad?
Algunos medicamentos pueden formar parte del tratamiento, pero la elección debe realizarla un profesional. Algunos fármacos para la ansiedad, especialmente las benzodiacepinas, requieren especial precaución en personas con antecedentes de consumo de sustancias debido a su potencial de dependencia y otras interacciones.
¿Qué pasa si la ansiedad aumenta cuando una persona deja de consumir?
Puede tratarse de un síntoma relacionado con la abstinencia, una condición de ansiedad preexistente o una combinación de factores. Por eso, es importante realizar una valoración profesional en lugar de asumir automáticamente cuál es la causa.






