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Cómo influye el estrés en las recaídas por consumo de sustancias

El estrés forma parte de la vida. Problemas familiares, dificultades económicas, presión laboral, pérdidas, conflictos de pareja, cambios importantes o incluso una acumulación de pequeñas preocupaciones pueden generar momentos de tensión que afectan el bienestar emocional.

Para una persona que se encuentra en recuperación de una adicción a las drogas o al alcohol, estas situaciones pueden representar un desafío adicional.

Esto no significa que sentir estrés provoque automáticamente una recaída. La relación es mucho más compleja. Sin embargo, el estrés puede aumentar la vulnerabilidad al consumo, intensificar los deseos de utilizar una sustancia y dificultar la capacidad de responder de manera diferente ante una situación difícil.

El National Institute on Drug Abuse (NIDA) identifica la exposición a factores estresantes como un factor de riesgo importante para la recaída después de periodos de recuperación. También señala que el estrés puede afectar circuitos cerebrales relacionados con la motivación y el control de la conducta.

Por eso, aprender a reconocer y manejar el estrés puede formar parte importante de un tratamiento para prevenir recaídas.

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¿Por qué el estrés puede aumentar el deseo de consumir?

Durante una adicción, la sustancia puede haber terminado ocupando el lugar de una estrategia para afrontar determinadas emociones o situaciones.

Una persona pudo haber aprendido, por ejemplo, a beber después de una jornada difícil, consumir drogas cuando se sentía angustiada o buscar una sustancia para intentar escapar temporalmente de pensamientos que le resultaban difíciles de manejar.

Con el tiempo, esa asociación puede volverse muy fuerte.

Cuando aparece nuevamente una situación de estrés, puede surgir la idea de que consumir ayudará a aliviarla, aunque la persona sepa que hacerlo puede traer consecuencias negativas.

El problema es que el alivio esperado puede convertirse en un desencadenante del comportamiento que se está intentando evitar.

NIDA señala que el consumo repetido puede alterar circuitos relacionados con el aprendizaje, la memoria, la recompensa y el control de la conducta, haciendo que determinadas señales o experiencias puedan activar deseos intensos de consumir.

No todo el estrés es igual

Hablar de estrés no significa únicamente pensar en una crisis grave.

A veces el problema aparece por una acumulación de situaciones que, por separado, podrían parecer manejables.

Una persona puede estar durmiendo poco, tener dificultades en el trabajo, discutir frecuentemente con su pareja y sentirse preocupada por sus finanzas. Ninguno de estos factores necesariamente provoca una recaída por sí mismo, pero juntos pueden generar una carga emocional importante.

También existen situaciones especialmente difíciles, como:

  • la pérdida de un ser querido;
  • una separación;
  • problemas económicos;
  • conflictos familiares;
  • desempleo;
  • presión académica o laboral;
  • problemas legales;
  • enfermedades;
  • cambios importantes en el lugar de residencia;
  • aislamiento social.

La forma en que cada persona responde a estas experiencias es diferente. Por eso, dentro del tratamiento es importante identificar qué situaciones generan mayor vulnerabilidad en cada caso.

El estrés puede afectar la capacidad para tomar decisiones

Cuando una persona está sometida a altos niveles de estrés, puede resultarle más difícil detenerse, analizar las consecuencias y elegir una respuesta diferente a la que utilizaba anteriormente.

NIDA explica que niveles elevados de estrés pueden reducir la actividad de áreas relacionadas con el control de la conducta y aumentar la respuesta de circuitos vinculados con la motivación y la impulsividad.

Esto ayuda a entender por qué una persona puede saber que consumir le hará daño y, aun así, experimentar un deseo intenso de hacerlo durante una situación particularmente estresante.

No significa que haya perdido todo lo aprendido durante el tratamiento. Significa que está enfrentando una situación que puede requerir herramientas adicionales y apoyo.

Estrés, ansiedad y consumo pueden formar un círculo difícil de romper

En algunas personas, el estrés puede relacionarse estrechamente con síntomas de ansiedad, tristeza, irritabilidad o desesperanza.

A su vez, la persona puede intentar utilizar alcohol o drogas para disminuir temporalmente esas sensaciones.

El problema es que el consumo puede terminar agravando otros aspectos de la salud mental y generar nuevas dificultades familiares, laborales, económicas o físicas.

SAMHSA señala que los problemas de salud mental y los trastornos por consumo de sustancias pueden coexistir y compartir factores como el estrés y el trauma. También recomienda atender ambas situaciones cuando están presentes.

Por eso, cuando existe una adicción y ansiedad, por ejemplo, no siempre es suficiente concentrarse exclusivamente en el consumo. Puede ser necesario evaluar qué está ocurriendo con la salud mental de la persona.

¿Cómo saber si el estrés está aumentando el riesgo de recaída?

No existe una señal única que permita anticipar una recaída.

Sin embargo, puede ser útil prestar atención a cambios que aparecen después de periodos de estrés intenso.

Entre ellos pueden encontrarse un aumento de los pensamientos relacionados con el consumo, deseos intensos de utilizar una sustancia, aislamiento, irritabilidad, problemas de sueño, abandono de actividades saludables o alejamiento del tratamiento y de las personas que brindan apoyo.

También puede aparecer la idea de que consumir una sola vez no tendrá consecuencias o que la persona ya tiene suficiente control para hacerlo.

Estas señales no significan que una recaída vaya a ocurrir. Pueden ser, más bien, una oportunidad para pedir ayuda antes de que la situación avance.

Los desencadenantes pueden ser emocionales y no solamente externos

Cuando se habla de factores de riesgo para una recaída, es común pensar en situaciones externas: estar cerca de personas que consumen, regresar a determinados lugares o encontrarse con una sustancia.

Pero algunos desencadenantes pueden estar relacionados con estados internos.

La ansiedad, la soledad, la frustración, el enojo, el aburrimiento o una sensación de fracaso pueden despertar deseos de consumir incluso cuando no existe una sustancia frente a la persona.

SAMHSA señala que los planes de recuperación pueden ayudar a identificar factores desencadenantes y eventos estresantes, además de definir estrategias para afrontarlos.

Por eso, reconocer qué emociones suelen preceder al deseo de consumir puede ser tan importante como identificar qué lugares o personas representan un riesgo.

Aprender a manejar el estrés es parte de la prevención de recaídas

La prevención no consiste en intentar eliminar todo el estrés de la vida.

Eso sería poco realista.

El objetivo es desarrollar herramientas para atravesar situaciones difíciles sin recurrir nuevamente a la sustancia.

Dependiendo de las necesidades de cada persona, el tratamiento puede trabajar habilidades como reconocer pensamientos que aumentan la angustia, resolver problemas, manejar emociones, pedir ayuda, establecer límites y anticipar situaciones de riesgo.

La terapia cognitivo-conductual, por ejemplo, puede ayudar a identificar desencadenantes internos y externos y a desarrollar estrategias diferentes para responder ante ellos. SAMHSA incluye entre estas herramientas el reconocimiento de situaciones, personas o emociones que pueden aumentar el riesgo de consumo y el aprendizaje de nuevas habilidades de afrontamiento.

Dormir y mantener una rutina también puede importar

El manejo del estrés no depende únicamente de la terapia.

La vida cotidiana también influye.

Dormir mal durante varios días, abandonar las actividades habituales, comer de manera irregular o permanecer aislado puede hacer más difícil afrontar situaciones emocionalmente exigentes.

Por eso, durante la recuperación puede ser útil construir una rutina que incluya descanso, alimentación, actividad física, responsabilidades y espacios de recreación.

SAMHSA recomienda mantener horarios regulares, descansar, realizar actividad física y conectar con personas que puedan brindar apoyo como parte de las estrategias para cuidar la salud mental y afrontar momentos difíciles.

Estas acciones no sustituyen un tratamiento profesional cuando es necesario, pero pueden formar parte de un estilo de vida que favorezca la recuperación.

El apoyo de otras personas puede reducir el aislamiento

El estrés puede hacer que una persona quiera aislarse.

Puede pensar que nadie la comprende, que debe resolver todo por sí misma o que pedir ayuda significa haber retrocedido.

Sin embargo, atravesar una situación difícil acompañado puede ser muy diferente a enfrentarla en soledad.

Contar con familiares, amigos, profesionales o grupos de apoyo puede ofrecer un espacio para hablar de lo que está ocurriendo antes de que el deseo de consumir se intensifique.

La recuperación incluye también la construcción de relaciones y redes sociales que proporcionen apoyo. SAMHSA considera la comunidad una de las dimensiones importantes de la recuperación.

¿Qué hacer cuando aparece un momento de estrés intenso?

Una situación de estrés no tiene que convertirse automáticamente en una recaída.

Cuando una persona identifica que está atravesando un momento especialmente difícil, puede ser importante recurrir a las estrategias que haya establecido con su equipo de tratamiento.

Dependiendo de su plan, esto puede incluir contactar a una persona de confianza, acudir a terapia, alejarse temporalmente de una situación que represente riesgo, realizar una actividad que ayude a regularse o utilizar las herramientas de afrontamiento aprendidas durante el tratamiento.

Lo importante es actuar antes de que el deseo de consumir se convierta en una decisión.

Si además aparecen síntomas intensos de ansiedad, depresión, desesperanza o pensamientos de hacerse daño, es importante buscar atención profesional de manera oportuna.

La familia también puede ayudar a identificar cambios

Las personas cercanas pueden notar modificaciones que la persona en recuperación todavía no reconoce.

Cambios repentinos en el comportamiento, aislamiento, irritabilidad, abandono de rutinas o alejamiento del tratamiento pueden ser señales para acercarse y preguntar cómo se encuentra, sin asumir automáticamente que existe una recaída.

El objetivo no debería ser convertirse en vigilantes.

Una familia puede ayudar más cuando sabe escuchar, establece límites claros y conoce los factores que pueden aumentar el riesgo. En algunos casos, también puede beneficiarse de orientación profesional para aprender cómo acompañar el proceso.

Una recaída no significa que todo el tratamiento haya fracasado

Es importante diferenciar entre un momento de vulnerabilidad, un consumo puntual y un proceso de recaída más amplio.

Si una persona vuelve a consumir, no significa automáticamente que todo lo aprendido haya desaparecido ni que el tratamiento haya sido inútil.

SAMHSA señala que la recaída puede formar parte de la evolución de un trastorno por consumo de sustancias y que no significa necesariamente que el tratamiento haya fracasado. El plan puede necesitar ajustes de acuerdo con las necesidades de la persona.

Lo importante es buscar ayuda rápidamente, revisar qué ocurrió y determinar qué cambios pueden reducir el riesgo de que vuelva a suceder.

El tratamiento debe preparar para situaciones reales

Una persona puede encontrarse muy estable en un ambiente protegido y aun así enfrentar dificultades cuando vuelve a sus responsabilidades habituales.

Por eso, un tratamiento para prevenir recaídas necesita considerar las situaciones que la persona encontrará fuera del espacio terapéutico.

¿Qué hará cuando tenga una discusión familiar? ¿Cómo responderá ante una presión laboral? ¿A quién llamará si siente deseos intensos de consumir? ¿Qué hará si vuelve a encontrarse con alguien con quien consumía?

No existen respuestas universales. Cada persona necesita construir estrategias de acuerdo con su historia y sus factores de riesgo.

El tratamiento puede ayudar precisamente a anticipar esas situaciones y desarrollar alternativas antes de que ocurran.

El objetivo no es vivir sin estrés, sino aprender a responder de otra manera

El estrés seguirá formando parte de la vida.

Habrá días difíciles, pérdidas, conflictos, incertidumbre y situaciones que no podrán controlarse.

La recuperación no consiste en conseguir que ninguna de estas circunstancias vuelva a ocurrir. Consiste en desarrollar recursos para atravesarlas sin que la sustancia vuelva a convertirse en la principal forma de afrontarlas.

Por eso, manejar el estrés durante la recuperación de una adicción puede ser una parte importante del tratamiento y del seguimiento posterior.

En Oceánica México, el abordaje de las adicciones considera las necesidades particulares de cada persona y los diferentes factores que pueden influir en su proceso de recuperación. Con más de 33 años de experiencia y acreditación CARF, Oceánica México brinda atención especializada para pacientes y familias que necesitan orientación profesional frente a problemas relacionados con el consumo de sustancias.

Si tú o alguien cercano está atravesando una situación de consumo o recuperación y el estrés está haciendo más difícil el proceso, buscar una valoración profesional puede ayudar a identificar qué apoyos y estrategias son adecuados para ese caso.

Preguntas frecuentes

¿El estrés puede provocar una recaída?

El estrés puede aumentar el riesgo de recaída, especialmente cuando se combina con otros factores de vulnerabilidad. Sin embargo, no significa que toda persona que experimente estrés vaya a volver a consumir. La respuesta depende de múltiples factores individuales.

¿Por qué una persona puede tener deseos de consumir cuando está muy estresada?

Durante la adicción pueden establecerse asociaciones entre determinadas emociones o situaciones y el consumo. Por eso, una experiencia estresante puede activar deseos de consumir, incluso después de un periodo de abstinencia.

¿La ansiedad puede aumentar el riesgo de recaída?

Puede ser un factor de vulnerabilidad, especialmente cuando la persona utilizaba alcohol o drogas como una forma de afrontar la ansiedad. Cuando existen simultáneamente problemas de salud mental y consumo de sustancias, ambos deben ser evaluados y tratados de acuerdo con las necesidades de la persona.

¿Cómo se puede prevenir una recaída relacionada con el estrés?

Una estrategia importante es identificar previamente los desencadenantes y desarrollar formas alternativas de afrontarlos. El tratamiento puede trabajar habilidades para reconocer señales de riesgo, manejar emociones, resolver problemas y pedir ayuda cuando sea necesario.

¿Qué debe hacer una persona si siente deseos intensos de consumir?

Lo recomendable es recurrir a las estrategias establecidas dentro de su plan de tratamiento y contactar a las personas o profesionales que forman parte de su red de apoyo. Si existe una situación de crisis o riesgo inmediato para la persona o alguien más, debe buscarse atención de urgencia.

¿Una recaída significa que la recuperación terminó?

No necesariamente. Puede ser una señal de que el tratamiento necesita revisarse o ajustarse. Buscar ayuda de manera temprana permite analizar qué factores contribuyeron al consumo y qué cambios pueden ser necesarios para continuar con la recuperación.

Doctor Carlos
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