Cuando una persona tiene una adicción a las drogas o al alcohol, uno de los objetivos más evidentes del tratamiento es detener o reducir el consumo. Sin embargo, conseguir que una persona deje de consumir no significa necesariamente que todos los problemas relacionados con la adicción hayan desaparecido.
El consumo puede ser la parte más visible del problema, pero detrás de él pueden existir patrones de conducta, dificultades emocionales, problemas familiares, situaciones traumáticas, condiciones de salud mental, relaciones dañinas o contextos que favorecen el regreso a la sustancia.
Por eso, un tratamiento efectivo necesita mirar más allá de la sustancia. El objetivo no es únicamente conseguir un periodo de abstinencia, sino ayudar a la persona a desarrollar recursos para sostener cambios en su vida cotidiana y afrontar las situaciones que pueden poner en riesgo su recuperación.
El National Institute on Drug Abuse (NIDA) señala que la desintoxicación por sí sola no aborda los problemas psicológicos, sociales y conductuales asociados con la adicción y que, por lo general, debe continuar con una evaluación y un tratamiento formal.
Dejar de consumir y tratar la adicción no son exactamente lo mismo
La suspensión del consumo puede representar un avance muy importante. En algunos casos, además, puede ser necesario comenzar con una desintoxicación supervisada médicamente, especialmente cuando existe riesgo de complicaciones por la abstinencia.
Pero después de esa primera etapa quedan preguntas importantes: ¿qué llevó a la persona a consumir?, ¿qué situaciones aumentan el deseo de hacerlo?, ¿cómo responde al estrés?, ¿qué relaciones necesita reconstruir?, ¿qué habilidades necesita desarrollar?, ¿cómo manejará una situación de riesgo cuando vuelva a su entorno habitual?
Estas preguntas muestran por qué la recuperación requiere una mirada más amplia.
Una persona puede pasar varios días, semanas o incluso meses sin consumir y continuar enfrentando dificultades que, si no se atienden, pueden aumentar el riesgo de volver a hacerlo. Esto no significa que la abstinencia no sea importante. Significa que la recuperación necesita trabajar también sobre aquello que mantiene el problema o dificulta sostener el cambio.
La adicción puede afectar mucho más que el consumo
Los trastornos por consumo de sustancias pueden involucrar cambios en el funcionamiento cerebral relacionados con la recompensa, el juicio, la toma de decisiones, la memoria y el manejo del estrés. Además, existen factores biológicos, psicológicos y ambientales que pueden influir en el desarrollo y evolución de una adicción.
Por eso, concentrarse exclusivamente en la sustancia puede dejar fuera aspectos relevantes de la historia de la persona.
Por ejemplo, alguien puede haber comenzado a consumir para intentar manejar ansiedad, tristeza, conflictos familiares, presión social o experiencias difíciles. La sustancia puede haber funcionado inicialmente como una forma de afrontar aquello que no sabía cómo manejar de otra manera.
Si posteriormente se elimina el consumo pero no se desarrollan nuevas herramientas para enfrentar esas situaciones, la persona puede quedar expuesta a los mismos factores que anteriormente favorecieron el consumo.
Esto explica por qué un tratamiento para adicciones debe adaptarse a las necesidades particulares de cada persona.
¿Qué puede quedar sin atender cuando solo se trabaja el consumo?
Cada caso es diferente, pero existen varias áreas que pueden necesitar atención durante un proceso de recuperación.
Salud mental
La ansiedad, la depresión, los problemas relacionados con el trauma y otras condiciones de salud mental pueden coexistir con un trastorno por consumo de sustancias.
Cuando esto ocurre, evaluar únicamente el consumo puede ofrecer una visión incompleta de la situación. SAMHSA señala que el tratamiento debe adaptarse a las necesidades individuales y que pueden requerirse diferentes combinaciones de medicamentos, terapias y apoyos de recuperación.
Esto es especialmente importante cuando una persona utilizaba la sustancia como una forma de intentar regular emociones difíciles.
Patrones de pensamiento y comportamiento
La adicción puede estar acompañada de hábitos y patrones que se han repetido durante mucho tiempo.
Por ejemplo, una persona puede aprender a relacionarse con determinadas situaciones, lugares o personas asociándolos con el consumo. También puede tener dificultades para manejar frustraciones, establecer límites, resolver conflictos o pedir ayuda.
La terapia puede ayudar a identificar estos patrones y trabajar en alternativas más saludables. Entre las modalidades utilizadas en el tratamiento se encuentran diferentes formas de terapia individual, grupal, familiar y cognitivo-conductual.
Relaciones familiares
El consumo problemático puede deteriorar la confianza, generar conflictos y modificar la dinámica de toda una familia.
Incluso cuando una persona deja de consumir, las consecuencias de años de discusiones, ausencias, promesas incumplidas o situaciones de crisis no desaparecen automáticamente.
Por eso, dependiendo del caso, la familia también puede formar parte del proceso de recuperación. Trabajar la comunicación, establecer límites y comprender qué tipo de apoyo resulta útil puede ser tan importante como atender otros aspectos del tratamiento.
Entorno y vida cotidiana
La recuperación ocurre en la vida real, no únicamente dentro de un centro de tratamiento.
Cuando una persona regresa a su casa, trabajo, escuela o círculo social, puede encontrarse nuevamente con situaciones que le recuerdan el consumo o que generan estrés.
SAMHSA plantea la recuperación desde una perspectiva integral que incluye salud, hogar, propósito y comunidad. Esto refleja que recuperar el bienestar implica también reconstruir diferentes áreas de la vida.
¿Qué papel tiene la terapia cuando una persona ya dejó de consumir?
La terapia puede ayudar a que la persona comprenda mejor la relación entre sus pensamientos, emociones, comportamientos y consumo.
No existe una única terapia que funcione de la misma manera para todas las personas. El tratamiento debe considerar la historia, las necesidades, la gravedad del problema y las condiciones que acompañan al consumo.
Durante el proceso pueden abordarse temas como:
- reconocimiento de situaciones de riesgo;
- manejo de emociones difíciles;
- control de impulsos y deseos intensos de consumir;
- habilidades para afrontar el estrés;
- reconstrucción de relaciones;
- toma de decisiones;
- establecimiento de límites;
- prevención de recaídas;
- construcción de rutinas más saludables.
El propósito no es simplemente decirle a una persona que no consuma. Es ayudarla a desarrollar herramientas para responder de otra manera cuando aparezcan las circunstancias que anteriormente podían llevarla al consumo.
La prevención de recaídas empieza mucho antes de una recaída
Una recaída no suele aparecer de la nada. Puede existir una acumulación de factores emocionales, sociales o conductuales que aumentan la vulnerabilidad.
Por eso, la prevención de recaídas forma parte importante de muchos procesos de tratamiento.
Identificar desencadenantes, reconocer señales de alerta y establecer estrategias para pedir ayuda puede permitir que la persona actúe antes de llegar nuevamente al consumo.
Esto tampoco significa que una recaída sea inevitable. SAMHSA explica que la recuperación es un proceso personal y continuo, en el que pueden existir dificultades y retrocesos que deben abordarse como parte del proceso, sin asumir que todo el tratamiento ha fracasado.
¿Significa esto que los medicamentos no son suficientes?
No necesariamente. Depende del tipo de adicción y de las necesidades de cada persona.
En determinados trastornos por consumo, existen medicamentos que pueden ayudar a reducir síntomas de abstinencia, controlar deseos intensos de consumir o disminuir determinados riesgos. En el caso del trastorno por consumo de opioides, por ejemplo, tratamientos con medicamentos como metadona, buprenorfina o naltrexona forman parte de las opciones basadas en evidencia.
La cuestión es que medicación y terapia no tienen por qué competir entre sí.
SAMHSA señala que, para muchas personas, combinar medicamentos con asesoramiento y terapias conductuales permite una atención más integral, aunque la combinación concreta debe definirse de acuerdo con las necesidades de cada paciente.
Por eso, reducir el tratamiento a una sola intervención puede ser insuficiente cuando existen otras necesidades que también requieren atención.
El tratamiento debe mirar a la persona, no solamente a la sustancia
Dos personas pueden consumir la misma sustancia y necesitar tratamientos completamente diferentes.
Una puede tener una red familiar estable y necesitar principalmente apoyo para manejar los deseos de consumo. Otra puede vivir en un entorno donde continúa expuesta a situaciones de violencia, conflictos familiares o personas con quienes consume.
También puede haber diferencias en la presencia de depresión, ansiedad, problemas médicos, dificultades laborales, situación económica o antecedentes de tratamientos anteriores.
Por eso, un tratamiento personalizado para adicciones comienza con una valoración que permita conocer qué está ocurriendo y qué nivel de atención puede ser adecuado.
SAMHSA señala que las opciones y la combinación de tratamientos deben basarse en las necesidades individuales y pueden cambiar conforme la persona responde al tratamiento.
¿Qué debería incluir un tratamiento integral para las adicciones?
No existe un programa idéntico para todas las personas. Dependiendo del caso, el tratamiento puede combinar diferentes componentes.
Puede incluir valoración médica, atención psicológica, psiquiatría cuando está indicada, terapia individual o grupal, intervención familiar, medicamentos, educación sobre la adicción, estrategias de prevención de recaídas y seguimiento después del tratamiento.
El nivel de atención también puede variar. Algunas personas pueden beneficiarse de un tratamiento ambulatorio, mientras que otras necesitan atención intensiva, hospitalaria o residencial.
Lo importante es que estas decisiones respondan a una evaluación profesional y no únicamente a la sustancia que consume la persona.
¿Por qué es importante continuar después de dejar de consumir?
Porque la recuperación no termina necesariamente cuando desaparece el consumo.
Después de una etapa inicial de tratamiento, la persona necesita trasladar lo aprendido a situaciones cotidianas: regresar al trabajo, recuperar vínculos, establecer nuevas rutinas, manejar conflictos y reconocer situaciones que pueden representar un riesgo.
El seguimiento permite revisar cómo está evolucionando el proceso y hacer ajustes cuando aparecen nuevas dificultades.
La recuperación puede ser un proceso prolongado y requiere, en muchos casos, adaptar los apoyos a las necesidades que van cambiando con el tiempo.
Tratar la causa y las consecuencias puede cambiar el proceso de recuperación
Cuando se atiende únicamente el consumo, existe el riesgo de dejar sin respuesta algunas de las circunstancias que contribuyeron al desarrollo o mantenimiento de la adicción.
Una atención integral busca entender qué ocurre con la persona antes, durante y después del consumo. Esto permite trabajar no solamente con la sustancia, sino también con las emociones, los pensamientos, las relaciones, los hábitos y el entorno.
Por eso, buscar tratamiento para una adicción no debería reducirse a encontrar un lugar donde la persona deje de consumir durante un periodo determinado. También implica preguntarse qué atención necesita para construir una vida en la que pueda sostener los cambios alcanzados.
En Oceánica México, el abordaje de las adicciones parte de una visión integral que considera las necesidades particulares de cada paciente y su proceso de recuperación. Con más de 33 años de experiencia y acreditación CARF, Oceánica México brinda atención especializada para personas y familias que necesitan orientación profesional frente a una problemática de consumo.
Si tú o alguien cercano está enfrentando una adicción, buscar una valoración profesional puede ayudar a determinar qué tipo de atención es la más adecuada para su situación.
Preguntas frecuentes
¿Dejar de consumir significa que una persona ya está recuperada?
No necesariamente. Dejar de consumir es un paso fundamental, pero la recuperación puede requerir trabajar también aspectos emocionales, conductuales, familiares y sociales. El tratamiento debe adaptarse a las necesidades de cada persona.
¿Por qué una persona puede volver a consumir después de haber dejado la droga?
Pueden existir diferentes factores, como exposición a desencadenantes, estrés, dificultades emocionales, problemas familiares, deseos intensos de consumir o falta de herramientas para afrontar determinadas situaciones. Por eso, la prevención de recaídas forma parte de muchos tratamientos.
¿La terapia es necesaria aunque la persona ya no consuma?
Puede ser recomendable. La necesidad de terapia depende de cada caso, pero puede ayudar a trabajar los factores que contribuyeron al consumo, desarrollar habilidades de afrontamiento y fortalecer la recuperación.
¿El tratamiento para una adicción siempre requiere internamiento?
No. Existen diferentes niveles de atención, incluyendo modalidades ambulatorias, intensivas, hospitalarias y residenciales. La elección depende de la evaluación clínica, la gravedad del problema y las necesidades particulares de la persona.
¿Una recaída significa que el tratamiento no funcionó?
No necesariamente. Una recaída indica que es necesario revisar el proceso y determinar qué factores están interfiriendo con la recuperación. Puede ser necesario ajustar el tratamiento, aumentar los apoyos o trabajar aspectos que todavía no habían sido atendidos.
¿La familia debe participar en el tratamiento?
En muchos casos, la participación familiar puede ser útil. La forma de involucrarse dependerá de la situación y del plan de tratamiento, pero puede contribuir a mejorar la comunicación, establecer límites y construir una red de apoyo adecuada.






