¿Felices o… Confortables?

 

Quizás se tengan más preguntas que respuestas en este tema, ¿hasta cuándo hacernos preguntas sobre la felicidad? ¿En qué momento debemos parar y simplemente aceptar que nada es perfecto y que es hora de “conformarnos” con la realidad?; obtener una respuesta honesta a estas interrogantes pudiera ser lo que necesitamos para discernir la posición en la que nos encontramos, si en la felicidad o en el conformismo. Cómo controlamos los impulsos, nuestros deseos de superación que nos encaminan a la satisfacción cada vez que obtenemos algún logro o éxito?, en qué momento frenarlos y renunciar a una actitud de perseverancia y crecimiento, sin que nos sintamos o se nos tache de conformistas? El ser humano suele sentir felicidad cuando alcanza sus objetivos y cuando logra solucionar los distintos retos a los que se enfrenta en su vida cotidiana. En los casos en que esto no se logra, se produce un sentimiento de frustración que nos lleva a la pérdida de la felicidad. Se puede interpretar que quien está feliz se siente a gusto, contento y complacido. De todas formas, el concepto de felicidad es subjetivo y relativo, ya que no existe un índice o una categoría que haya que alcanzar para que a alguien se le considere como una persona feliz o en un estado de conformismo. Por lo tanto, deberíamos primero comenzar por revisar con honestidad, si en lo que somos, lo que tenemos y lo que hacemos, encontramos elementos suficientes que nos brindan una felicidad plena o simplemente estamos instalados en ese estado de confort que nos brinda seguridad, pero a la vez, y sin saberlo, nos estanca en la vida ante el temor de perder algo que ya poseo o de no obtener algo que deseo, lo que puede generar una infelicidad oculta que preferimos manejar políticamente para no conflictuar nuestra existencia.

Será entonces el conformismo el que atenta contra la verdadera felicidad? Y la búsqueda de ésta, la que nos lleva a continuar revolviendo el alma, cuestionando y esforzándonos, porque el día que paremos llega la muerte? Y.. ¿Qué tal que sólo en el conformismo podamos encontrar el equilibrio necesario para ser feliz, para dejar de buscar, para parar y descansar? ¿Qué tal si está bien que llegue un momento en la vida, en que un empleado deje de preguntarse cómo sería su vida si montara su propia compañía y más bien se dedicara a trabajar para llegar algún día a la tan anhelada jubilación? ¿Qué tal si dejar de cuestionarnos sea la clave de todo matrimonio feliz, estable y en paz? ¿Qué tal que tanto inconformismo jamás lleve a la felicidad? ¿Qué tal que no sea ninguna de las dos fórmulas el camino a ese estado supremo de felicidad plena, que según la religión Budista alcanza el alma y que consiste en la incorporación del individuo a la esencia divina y en la ausencia total de dolor y de deseos? Sólo se sabe que la verdad que ignoramos es una Ley a la cual todos obedecemos, se sabe también que si no trabajamos, crecemos, cuestionamos y revolvemos nuestras vidas, esta verdad ignorada nos va a llevar a un nivel de caos tal, que el sistema lleva a la muerte. Lo que se desconoce es, si la muerte es el estado de felicidad absoluta, si la muerte es el único camino conducente a lo que menciona la religión Budista, que si el no-querer, no-necesitar, no-desear sea la respuesta, en cuyo caso, los budistas tendrían toda la razón.

Hay quienes creen o sienten que la felicidad está relacionada con los bienes materiales y con el dinero. Por eso existen frases como “El dinero no hace la felicidad, pero ayuda”. Es que el dinero es el medio necesario para la satisfacción de las necesidades materiales humanas; una vez que éstas se satisfacen, el individuo tiende a buscar productos que le proporcionen mayor felicidad, por lo tanto nunca se llegará a un estado permanente de completa satisfacción. Salir de la zona de confort, en primer lugar, significa que entras en la zona de riesgo. Sales a lo desconocido y esto te genera angustia y miedo. Te puede dar miedo buscar un nuevo y mejor trabajo, comprometerte para casarte, intimar con alguien, conocer a nuevas personas, hacer llamadas, ir de vacaciones a un lugar diferente. Sí, es incómodo salir de la zona. Es un reto nuevo, desconocido, que en un principio puede no gustarte nada. Tu cerebro primitivo te dice: “Huye”, “no lo hagas”, “la verdad no puedes con esto”, “esto no es para ti”, “regresa a la seguridad de tu zona de confort”, etc. Si logras vencer este riesgo y el nuevo reto, los beneficios serán increíbles. Pero, aún si fracasas la primera vez, eso no quiere decir que valía la pena quedarse en la zona de confort, quiere decir que tienes muy poca práctica y requieres de más intentos. El lanzarte a la aventura hará que tu valentía conecte con tu cerebro prefrontal que te provee de motivación para explorar qué hay afuera, la atención hacia tu entorno se agudiza, empiezas a aprender nuevas cosas y aumentan las conexiones neuronales en tu cerebro. Las posibilidades son ilimitadas, descubrirás que puedes construir y generar nuevas ideas con mucha facilidad, te vuelves más creativo. Unes unas ideas con otras y al final del día puedes regresar a tu zona de confort enriquecido. Las personas que se sienten autorealizadas y plenas, son más serenas y estables, ya que alcanzan un equilibrio entre las cargas emocionales y las cargas racionales.

¿Cómo salirse de su zona de confort?

  1. Crea el hábito de salirte de su zona de confort todos los días.

Cada día haz un esfuerzo de exigirte en un área en que te falta crecer. Enfrenta esos desafíos que la vida te trae con osadía y fe. Sin batallas no hay victorias. Sin desafíos no hay crecimiento y caemos en la mediocridad.

  1. Cuando las cosas van bien, no descanses.

Después de un gran esfuerzo que nos ha traído frutos, tenemos la tendencia de descansar sobre nuestros laureles. Sin embargo, no es el momento para retirarte detrás de las cortinas de tu zona de confort. No aceptes la inercia en tu vida. Busca nuevos desafíos y sigue conquistando nuevos terrenos.

  1. Haz una lista de las situaciones que tiendes a evadir.

Sé brutalmente honesto contigo mismo y determina cuál es la causa de ese comportamiento. Luego busca maneras de resolver esos problemas. A lo mejor vas a tener que educarte en esa área, buscar ayuda de terceros o simplemente hablar las cosas y dejarlas en claro.

  1. No desestimes las zonas de conflicto en tu vida.

En la Biblia dice que los pequeños zorros son los que destruyen las cosechas. Si no te enfrentas y solucionas de una vez por todas aquellas situaciones molestas que te irritan, atemorizan o entristecen, van a transformarse en serios estorbos que no permitirán que avances con tu emprendimiento.

  1. Cada vez que tu zona de confort te quiere envolver en sus tentáculos, prende una alarma.

Vendrá sobre ti en forma sorpresiva. Si el llamado de tu espíritu emprendedor es lo suficientemente importante para ti, cuídalo con tu vida y jamás sucumbas ante la comodidad y la aparente seguridad de tu zona de confort.

Una última palabra sobre tus hijos…

Enséñales a tus hijos desde pequeños a no evadir las situaciones difíciles en sus vidas. No hagas todo por ellos y permíteles cometer errores. Ayúdales a resolver conflictos, pero déjalos participar activamente en el proceso. Así llegarán a ser adultos que sabrán enfrentar los desafíos de la vida con éxito y no se dañará su espíritu emprendedor.

Fuentes Consultadas: Internet

http://www.juliocamacho.net/tips-para-alcanzar-la-felicidad/

http://www.anamariarivera.com/es/conformism-and-happiness/

 

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